jueves, 8 de marzo de 2012

Colombia: la aldea del terror


Hemos sido criados pensando que el único terrorismo que existe es el que hacen las guerrillas, pero olvidamos que el Estado tiene también su gota fría. Para reconocer esto debemos alejarnos de la manipulación diaria de RCN y CARACOL; cuesta, pero hay que hacerlo.

En estos días me encontré con un vídeo que está circulando de forma apresurada por redes sociales, cuyo nombre es “¡EL VÍDEO QUE EL GOBIERNO COLOMBIANO NO QUIERE QUE VEAMOS!” Es una muestra de lo que ocurrió hace unos días en El Quimbo (Huila). En él aparece un grupo del ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios) desalojando a Campesinos y Pescadores que se manifiestan en contra de la construcción de una hidroeléctrica. Lo indignante del vídeo es la forma violenta y criminal del desalojo.

¿Qué o quién es tan machito de enfrentarse a alguien del ESMAD? Nos da miedo, aceptémoslo. Pero ojo: no hay que confundir ese miedo que nos obliga a la quietud, con ser un apátrida –aunque en tiempos modernos ser un apátrida resulta tentador-. En el vídeo, miembros del ESMAD lanzan gases a un pequeño grupo de pescadores que suben por el río; es innecesaria la fuerza, los campesinos responden al desalojo de forma pacífica, sólo que, y ya lo he notado antes, el ESMAD siempre provoca: los he visto bailar frente a estudiantes sentados, los he visto sonreír –cínicamente- detrás o al frente de alguna marcha estudiantil, en alguna ocasión desde lejos los vi hacer pistola mientras golpeaban a un vendedor de dulces que no quería apartarse de su camino.

El ataque es injusto, desproporcionado. Habría que ver o imaginar a algún miembro del ESMAD corriendo río arriba, pero sin armadura, así, a pie limpio, sin gas, sin granadas aturdidoras, verlo corriendo en pantaloneta con una camiseta amarrada a la cabeza para que lo cubra del sol, quizás así, dé más risa que miedo. Más justo, por lo menos.

Los niños del video crecerán con terror frente a un señor de armadura negra y careta en el rostro. No quiero pensar en lo que pueda ocurrir con Bladimir Sánchez, la persona que grabó, editó, y subió el vídeo a Internet, en las amenazas que pueda recibir, esperemos que no. Esto me recuerda una historia de terror llamada Nicolás Castro, hace falta estar atento en Facebook, para darse cuenta que existen miembros del ESMAD que amenazan personas virtualmente. ¿Fotos o pruebas? En Internet hay muchas, y hasta nombres.

Me da tristeza que en este país ocurran hechos como estos, pero no olvido que seguimos en el país del sagrado corazón, y que aquí vale más lo que nos conviene que lo que merecemos. Nos indignamos cuando nos sentimos agredidos, pero cuando vemos que es otro el que está siendo ultrajado, nos importa un culo, y nos vamos. Así de sencillo. Lo que ocurre en El Quimbo no es más que un modelo que notifica que el terrorismo es de ambos bandos y que no puede seguir siendo usado como títere mediático de alguna potestad con intereses. Lo de El Quimbo puede ser uno de muchos casos, desde el policía que golpea a un motociclista –lo vi alguna vez sobre la carrera quinta de Ibagué- porque no obedece las ordenes de la autoridad, hasta el pandillero que quiere ganar territorio a punta de muerte y miedo.

En Colombia no sólo las Farc son terroristas, también el Estado, y los mismos colombianos. No reconocerlo es no estar atento a lo que realmente ocurre en el país, simplemente hay que salir, abrir los ojos y comprobar cómo funcionan las cosas. El Quimbo es un ejemplo de terror, qué digo de terror, de terrorismo de Estado.

Columna publicada en la revista Cartel Urbano.

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