lunes, 19 de marzo de 2012
País de machos
Estuve en un bar gay, de esos donde hay hombres con hombres, mujeres con mujeres, hombres con mujeres y mujeres con hombres, del mismo modo y en sentido contrario. Hasta ahí, normal.
Y claro, es raro. Al principio más que raro es incómodo pero también curioso, y es fácil entender el porqué: estamos acostumbrados a pensar que “dios” nos hizo exclusivamente para estar con la mujer, y no toleramos ver a un hombre besar a otro hombre, pero sí nos encanta ver a una chica besando a otra.
Entré al bar y el ambiente era agradable, nadie se me insinuó ni me acosó. Lo interesante ocurrió días después, cuando en una conversación dije que había ido a ese bar. Las personas con las que estaba me miraron y luego se burlaron, después, no sé cómo sucedió, para ellos yo era homosexual. Me fui muy tranquilo, entendiendo que ahora, dudaban más ellos de su sexualidad que yo de la mía, andaban con un gay, qué miedo. Me fui pensando en el machismo de este país. Entendí que Colombia es país de machos, que México nos quedó chiquito, que aquí los machos no hablan sino que se ufanan de su hombría.
El país es tan de machos, que aquí no se ignoran a los travestis sino que los matan en alguna esquina de la ciudad de Cali, es tan de machos que aún pensamos que el matrimonio es como lo manda la iglesia; tan machos pues, que, consideramos que es anti natural la homosexualidad, y se nos olvida que fuimos nosotros quienes caminamos en cuatro patas y con pelambre por todo el cuerpo. De machos es, porque el estiércol no lo cagamos, sino que lo hablamos.
Pero bueno, resulta que, en el bar del que les hablo, también habían personas con una inclinación heterosexual, es decir, resulté siendo yo el machito que catalogó el lugar como Bar Gay y no como un bar común y corriente donde podían entrar personas sin importar su inclinación sexual.
No me diferenciaba entonces de los personajes que me llamaban gay por haber estado en aquél lugar, quizá sea porque desde pequeño, en la escuela, también usaba el despectivo para burlarme de otro, porque puede que en algún momento de la vida, me hayan dicho que ser gay estaba mal y que bajo esas condiciones, se estaba enfermo sin importar realmente que la enfermedad, la tenían los machos. Machitis entonces.
De eso me libré hace mucho, de tolerancia y otras medicinas me inyecté.
Nuestro país es tan de machos que durante el vídeo que publicó Noticas Uno en 2009, sale el famoso autor de la frase “Le voy a dar en la cara, marica”, de cuando era candidato a la presidencia en 2001, reunido con líderes paramilitares de Barrancabermeja. Y nadie dijo nada.
A los machos se nos olvida todo, pues. Ni tan hombres entonces.
Columna publicada en la revista Cartel Urbano.
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