"TIME" de Bacteria
A pesar de que el gobierno haga alarde de un Tratado de Libre Comercio equitativo, se nos olvida que en producción, nuestro país no le llega ni a los tobillos al del norte. La equidad de libre comercio no existe cuando yo poseo la capacidad de exportar, y mi vecino, que tiene una fábrica de chancletas con tres empleados, y que de fábrica tiene su casa, no posee la capacidad comercial de sacar sus productos del país.
A Santos nos lo hicieron ver como un "traidor de su clase", pero con esto queda claro que reafirmó el eterno "los ricos siempre son más ricos y los pobres más pobres". El libre comercio siempre será desigual desde que exista competencia entre las multinacionales y las pequeñas empresas; como ejemplo hay que ver los resultados que ha tenido el TLC entre la Unión Europea y México: grandes denuncias de violación a los derechos humanos por transnacionales europeas a pesar de la existencia de una Cláusula Democrática. Luego, con el TLC entre Estados Unidos y México (al cuál se sumó Canadá), que a pesar de que uno de sus principales objetivos era crecer en exportación y en la generación de empleo, paradójicamente la tasa de crecimiento anual del PIB por habitante es inferior al 1%. Así lo expresa el Maestro en Sociología e investigador de la Universidad Autónoma de México el profesor Alberto Arroyo Picard en su análisis sobre el tema. No es paja, el TLC entre México, Canadá y Estados Unidos se firmó en 1994, y el análisis se publicó en 2003.
Si esto ocurrió en un país que económicamente supera al nuestro, justo nueve años después, ¿qué irá a suceder en un país como el nuestro donde las tasas de desempleo son enormes, los índices de pobreza son desbordantes y existe un conflicto armado al parecer interminable?
La máxima del TLC siempre ha sido la del crecimiento económico y el empleo, pero se olvidó avisar que el crecimiento económico sería para grandes industrias con la capacidad de exportar y que –casi siempre pasa cuando el jefe no es de aquí-, el empleo, se convierte en esclavitud, salarios mínimos legales donde se trabajarán más de doces horas y siempre con la obligación de sonreír porque Colombia es el país más feliz del mundo. Qué dicha.
Es cierto, llegarán productos de alta gama a mucho menor costo, productos que, gústenos o no, no son necesarios en la canasta familiar, y los productos agrícolas que sí son obligatorios vendrán desde arriba para que los compren los de abajo, cuando los de abajo siempre han estado en la capacidad de producirlos. Es como si yo tuviese la gallina debajo de la cama, y prefiriera comprarle los huevos al vecino.
Se nos olvidó el tal Agro Ingreso Seguro, se nos olvidó pues que era mejor incentivar la producción agrícola en éste país –me refiero a los pequeños productores-, y no llenarle los bolsillos a empresas que casi siempre, le pagan mal a su mano de obra.
Que a mí no me enreden con el cuentico que con el TLC mi condición económica va a mejorar, y mucho menos que en este país el empleo se va a incrementar.
Santos nos engañó, nos puso en bandeja de plata, invirtió en una cumbre que le dio la espalda a países de la región, y que sirvió como destino turístico de un león. Colombia no se convirtió en la bisagra entre América del Norte y América del Sur, Colombia es ahora la empleada que lleva y trae los tintos por el pasillo.
Publicado en la revista Cartel Urbano.

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