sábado, 31 de marzo de 2012

Manual para conservar su privacidad en Internet


Soy de los que acepta a cualquier persona en redes sociales como Facebook, y no por eso le cuento a todo el mundo qué hago o qué no hago, sólo sé qué tipo de información se debe compartir y qué no.

Este es un pequeño manual que quizá pueda servirle. En serio, léalo con cuidado y tenga presente que si no sigue al tanto estos cortos avisos, pronto tendrá problemas, y si no los tiene, es porque ha estado muy de buenas o no ha necesitado de alguien que le diga cómo comportarse en Internet. Usted entonces ya sabe cómo ser prudente.

No publique su domicilio: si tiene miedo de que alguien pueda llegar a su casa –y no precisamente con un regalo- para conocerlo o simplemente para stalkearlo, entonces no coloque en sus datos personales su dirección o el teléfono de su casa. No exagero, lo he visto. En Facebook abundan direcciones. No se busque problemas publicando este tipo de información en Internet.

Usted no es una celebridad: si usted es de los que se toma una foto cada quince minutos con la única intención de subirla desde su BlackBerry o Iphone a Facebook o Twitter, tenga cuidado, quizá la foto sea evidencia de los lugares que recorre y a la mayoría de sus contactos puede NO interesarles en lo más mínimo si la pasa bien o la pasa mal.

Sea desconfiado: siempre que vaya a compartir algún dato, o que vaya a dar alguna información como “me voy de paseo para x lugar”, piénselo bien, tenga en cuenta que usted no sabe quién lo está leyendo y que Dulce María Suárez quizá se llame Dargüin Steven y tenga el mote de “El siete filos”.

No sea morboso: ojo, en Facebook y en muchas páginas existen aplicaciones, donde aparecen noticias como “se bañan desnudas” o “lo mató un tren”, que al darles click, lo re direccionan y comienzan a publicar el mismo tipo de contenido desde su perfil en los muros de sus amigos, todo esto, sin que usted se dé cuenta. Si quiere ver viejas en bola, o muertes pendejas, use Google.

No use Foursquare: ¿cuál es la vaina de estar siempre publicando en qué cuadra está o por dónde va pasando? Aproveche el tiempo que pierde mientras está frente al celular, es como si estuviese en x lugar para que los demás se den cuenta. Recuerde que eso también hace parte de su privacidad.

No dé papaya: si usted es de los que publica un estado o un tweet diciendo que terminó con su novio/a, que le fue mal en la universidad y que el mundo conspira en contra suyo, entonces no se queje después diciendo que la gente es muy chismosa y que no lo quieren dejar en paz.

Piense bien las contraseñas: si la contraseña de su correo es el número de cédula o “sara123”, termine de leer esto, y dedíquese a pensar una contraseña más compleja. La necesita.

Y por último, recuerde que cualquier tipo de información que usted comparta desde su computador, la que sea, así borre su perfil en Facebook, o cancele alguna cuenta, ya le pertenece a Internet y desde cualquier servidor, harán con ella lo que quieran. Hasta venderla, si es necesario.

Publicado en la revista Bacánika en su edición 65.

martes, 27 de marzo de 2012

Vida de un escritor, de Gay Talese


Desde que compré y comencé a leer este libro, surgieron  en mí unas ganas de periodismo insaciables que poco a poco lograron convertirse en todo un mar de ideas y publicaciones. Y lo sé, entiendo qué piensan.

Saborearme y tragarme Vida de un Escritor requirió de más de un mes y varias leídas ya que, para conocer el circulo social, el ambiente normal, y todo lo que se formó alrededor de Gay Talese es necesario tener en cuenta el contexto político, económico y cultural en el que está basado el libro. La lectura es agradable, es Talese, y quizá sea bueno recibir toda, o algunas de sus influencias.

El libro es una autobiografía que comienza con el relato de su niñez –la de Talese- en Nueva Jersey. Saber que es un hombre que reconoce y valora sus orígenes de sangre, y que aun recuerda sus modelos y sus primeros pinitos en el periodismo y la escritura, es satisfactorio en la lectura. No del todo viene siendo que uno mientras lee, se haga imagen de la atmósfera en la que creció y de lo que funcionó en la  construcción de su carácter.

La forma en la que recuerda y describe todos los lugares y personas que encontró por donde pasó, y las que lo marcaron, me deja con la sensación de también haberlos visto, olido, de haber hablado con ellos, o aún mejor, de haber estado en esos momentos junto a Talese. El caso del restaurante Elaine's fundado por Elaine Kaufman y el cual era visitado por toda una tropa de intelectuales neoyorquinos al parecer le llamó la atención, por lo que escribió toda su experiencia con Kaufman y Gnolo quienes eran protagonistas en estos espacios.

Es exquisita la lectura, y encanta la forma que tiene Gay Talese de empaparse de todo lo que ve y oye, un ejemplo claro es lo que escribió sobre la crisis racial que vivió Estados Unidos durante los sesentas que marcó el inicio de toda una batalla de derechos humanos y civiles en la cual el escritor estuvo presente y vivió paso a paso aquellos momentos en el sur de Alabama.

El ritmo con el que comienza a narrar cada relato, se vuelve algo persuasivo y atrae al lector de forma segura. Cada narración comienza con un presente, y termina con un pasado. El libro es una combinación anedótica que está marcada por grandes sucesos, como su visita al sur de Italia, por ejemplo.

Leerlo significa conocer toda su experiencia en el reconocido diario estadounidense The New York Times y quizá por eso deba ser una lectura obligatoria en la academia.

Por algo será uno de los padres del nuevo periodismo junto a Tom Wolfe.

"Con frecuencia, escribir es como conducir un camión por la noche sin luces, perderse en medio de la carretera y pasar una década en una zanja."

"Era imposible acusar a nadie, pues nunca podía identificar quién había tenido la culpa, pero constante e infructuosamente me quejaba con el gerente por el maltrato que recibía mi amado TR-3, cuyas abolladuras eran, cada una, como un hueco en mi corazón." (p. 159)

"Lewis era un antiguo integrante de los Freedom Riders que, manteniendo la lealtad a su definición de << urgencia moral >> al comienzo de los sesenta, nunca se echó para atrás frente a los puños, los bates de béisbol o las armas de las hordas de blancos y policías que desaprobaban sus viajes por el Sur en autobuses interestatales, en compañía de otros activistas, para luego desfilar por terminales de transporte, con el fin de denunciar los avisos en los que se leía: HOMBRES BLANCOS,HOMBRES DE COLOR, SALA DE ESPERA PARA BLANCOS, SALA DE ESPERA PARA GENTE DE COLOR [...]" (p. 231)

"Refunfuñábamos constantemente acerca de los correctores, que era las primeras personas de la sala de redacción que leían lo que habíamos escrito y tenían la autoridad de arreglar nuestros artículos y recortarlos o reescribirlos completamente, sin consultarnos y sin quitar las firmas que nos identificaban como autores" (p. 284)

"A veces parecía como si los periodistas tuviésemos una alianza con la industria de la comida rápida, porque al igual que ésta, preparábamos en el momento las órdenes de aquellos consumidores a los que les gustaba recibir la información y las ideas a medio cocinar." (p. 301).


Reseña publicada en la Revista Sin Pretextos.

lunes, 19 de marzo de 2012

País de machos



Estuve en un bar gay, de esos donde hay hombres con hombres, mujeres con mujeres, hombres con mujeres y mujeres con hombres, del mismo modo y en sentido contrario. Hasta ahí, normal.

Y claro, es raro. Al principio más que raro es incómodo pero también curioso, y es fácil entender el porqué: estamos acostumbrados a pensar que “dios” nos hizo exclusivamente para estar con la mujer, y no toleramos ver a un hombre besar a otro hombre, pero sí nos encanta ver a una chica besando a otra.

Entré al bar y el ambiente era agradable, nadie se me insinuó ni me acosó. Lo interesante ocurrió días después, cuando en una conversación dije que había ido a ese bar. Las personas con las que estaba me miraron y luego se burlaron, después, no sé cómo sucedió, para ellos yo era homosexual. Me fui muy tranquilo, entendiendo que ahora, dudaban más ellos de su sexualidad que yo de la mía, andaban con un gay, qué miedo. Me fui pensando en el machismo de este país. Entendí que Colombia es país de machos, que México nos quedó chiquito, que aquí los machos no hablan sino que se ufanan de su hombría.

El país es tan de machos, que aquí no se ignoran a los travestis sino que los matan en alguna esquina de la ciudad de Cali, es tan de machos que aún pensamos que el matrimonio es como lo manda la iglesia; tan machos pues, que, consideramos que es anti natural la homosexualidad,  y se nos olvida que fuimos nosotros quienes caminamos en cuatro patas y con pelambre por todo el cuerpo. De machos es, porque el estiércol no lo cagamos, sino que lo hablamos.

Pero bueno, resulta que, en el bar del que les hablo, también habían personas con una inclinación heterosexual, es decir, resulté siendo yo el machito que catalogó  el lugar como Bar Gay y no como un bar común y corriente donde podían entrar personas sin importar su inclinación sexual.
No me diferenciaba entonces de los personajes que me llamaban gay por haber estado en aquél lugar, quizá sea porque desde pequeño, en la escuela, también usaba el despectivo para burlarme de otro, porque puede que en algún momento de la vida, me hayan dicho  que ser gay estaba mal y  que bajo esas condiciones, se estaba enfermo sin importar realmente que la enfermedad, la tenían  los machos. Machitis entonces.

De eso me libré hace mucho, de tolerancia y otras medicinas me inyecté.

Nuestro país es tan de machos que durante el vídeo que publicó  Noticas Uno en 2009, sale el famoso autor de la frase “Le voy a dar en la cara, marica”, de  cuando era candidato a la presidencia en 2001, reunido con líderes paramilitares de Barrancabermeja. Y nadie dijo nada.

A los machos se nos olvida todo, pues. Ni tan hombres entonces.

Columna publicada en la revista Cartel Urbano.

jueves, 8 de marzo de 2012

Los “Bolcheviques del Líbano” (Tolima), de Gonzalo Sánchez Gómez


Si a usted le interesa saber que en El Líbano (Tolima) sucedió el primer levantamiento de izquierda de américa latina, quizá este libro sea el ideal para conocer el contexto económico, político, social y cultural de la época en que ocurrió el levantamiento armado.

Es editado por la Biblioteca Libanense de Cultura y escrito por Gonzalo Sánchez Gómez, aquí se encuentra una dedicada investigación sobre los hechos que germinan en 1929, sembrados desde finales del siglo XVIII y los inicios del XIX. El libro desde su comienzo, pone al lector en el contexto regional y social del Líbano de aquella época. Un Líbano prolífico en la importación e industria cafetera. El escritor no sólo se enfoca en la economía, sino en la sociedad de aquellos tiempos, en el ambiente cultural en el que se movían los campesinos y, sobre todo, en las influencias que tenían. De ahí el nombre Bolcheviques.

El escritor, en su trabajo de campo, encuentra varios textos inéditos que sirvieron para la creación del libro, textos o datos que sitúan en la conciencia del lector la explicación (o parte de ella) del alzamiento por parte de los campesinos:

"Sobre estos campesinos arrendatarios pesaban no sólo desventajosas condiciones frente a los demás trabajadores rurales, como la de tener que "servir con sus brazos en las labores de la finca, pagándoles el trabajo a un precio menor del jornal medio de los trabajadores independientes o voluntarios", sino, además, irritantes prohibiciones, como la que les impedía sembrar café en las parcelas que cultivaban u obligaciones características de un régimen de semi-servidumbre, como la de suministrar trabajo gratuito a las haciendas." (p. 42).

En la mitad del libro, hay escrito un poema de Jorge Ferreira sobre las cosechas de café y todo lo que se movía en el proceso de recolección, exportación, hipotecas, pagos y desempleos a causa de la crisis internacional de aquél entonces. Después, casi al final, se encuentran unas coplas de Maximiliano Caicedo. Una muestra del empujue literario del municipio.

El alzamiento de Los Bolcheviques del Líbano, con ideas socialistas, se debió a la combinación de hambre, desempleo, explotación por parte de empresas extranjeras, atropello al obrero y al artesano por parte de una la ley que dejaba un análisis ambiguo en el momento de su aplicación. No sólo influyó la crisis económica internacional, sino algunos signos de desinterés por parte del Estado con la situación regional y municipal.

Gonzalo Sánchez Gómez recopiló una gran lista de publicaciones periodísticas de los años en los que ocurrió la revolución, textos y cartas en los archivos del congreso, cartas inéditas de personajes que vivieron el levantamiento y, también se empapó del recurso oral de quienes vivieron o tuvieron alguna relación con el movimiento.

Podría decir que es el libro con la mayor investigación sobre el olvidado y menospreciado movimiento Bolchevique del Líbano. Un libro que hay que tener en las bibliotecas de historia, y un trabajo que hay que reconocerle al escritor e historiador debido al gran trabajo de campo que desarrolló pese al tiempo que ha transcurrido y que hace difícil la recolección de fuentes. Sin duda alguna, un trabajo digno de difundir y sobre todo, de leer.

Publicado en SinPretextos.com

La televisión que queremos ver


Voy a ser claro, la programación de Caracol después del noticiero del mediodía, me fastidia, tanto así, que a veces el almuerzo se me devuelve. Parece que no fuera suficiente con la entretención en horas de la noche, con novelas de argumentos quemados y realities doblados -¿no les basta con los fines de semana?-

Después del noticiero inician dos programas llamados El precio es correcto y luego  Do Re Millones, donde personas del público bailan y gritan (de forma fingida) y compiten para ganar cierta cantidad de dinero, la única diferencia entre estos dos concursos es que el uno, para ganar, requiere de adivinar precios, y el otro, se mueve con una orquesta donde se deben comprar instrumentos y se descubren canciones. La misma mierda pero en distinto plato.

RCN no se escapa, después de las noticias del mediodía, inicia un programa llamado Doctor S.O.S -sí, hay una luz interesante por lo menos- pero luego, inicia su tarde cagada, perdón, cargada de telebobelas mexicanas que en su mayoría son novelas re-fritas, novelas que se hicieron hace años, pero que al fin y al cabo, sirven para entretener. No es justo.

Soy un espectador que exige mayor calidad de contenido en los productos televisivos que consume. Pareciera que todo estuviese diseñado: mientras una madre de familia hace los quehaceres de la mañana, ve un magazine mañanero, luego, después de haber servido el almuerzo, se sienta en el sofá de la sala de su casa, durante toda una tarde, a ver cómo una estúpida pareja intenta ser “feliz” mientras el maligno y envidioso mundo le dice no a todo un paraíso de amor. En serio, ¿es que no hay más? Necesitamos otro tipo de televisión, una que nos cuente un país, una sociedad, que nos cuente de qué está hecho Colombia.

Recuerdo cuando Omar Rincón en algún momento dijo: es que ellos nunca pierden. Quizá tenga razón. Cómo van a perder, si son los dos canales más entretenedores de la televisión colombiana, que se jactan de ser los más vistos, con una cobertura enorme.

No es justo que un niño llegue del colegio, almuerce, haga sus tareas, y se dedique toda una tarde a estar sentado viendo cómo una pendeja orquesta se gana $200.000 por instrumento. No es justo tampoco que una mamá, se acueste toda una tarde, de lunes a viernes, a ver cómo Alberto del Alto Peñares del Valle del Cordero intenta desesperadamente salvar a Guadalupe de las Rosas Váquez de Castañón de las garras carnívoras de un mundo egoísta, mientras aquí, en Colombia, ocurre algo como lo de la Fiscal Viviane Morales, cuya elección fue declarada nula por el Consejo de Estado, como si en este país no se pudieran hacer las cosas bien.

La única forma de hacer perder a estos dos canales, es obedecer al dicho “apague y vámonos” o aún más sencillo, cambiar de canal. Ya basta de pésimo contenido, en nuestro país existe una hibridación regional grandísima; necesitamos saber de qué está hecho el Chocó, la Guajira, el Tolima, los Llanos Orientales, el país entero, y no seguir sentados, todos los días de la semana, frente a una pantalla que hace más vegetales que televidentes. Existen canales como Señal Colombia que son realmente un modelo de la televisión hecha con seriedad y compromiso, que nos curan del bombardeo mediocre de los canales de reinas y reinados del tipo RCN y Caracol en los cuales nos estamos empotrando.

Columna publicada en la revista Cartel Urbano.

Colombia: la aldea del terror


Hemos sido criados pensando que el único terrorismo que existe es el que hacen las guerrillas, pero olvidamos que el Estado tiene también su gota fría. Para reconocer esto debemos alejarnos de la manipulación diaria de RCN y CARACOL; cuesta, pero hay que hacerlo.

En estos días me encontré con un vídeo que está circulando de forma apresurada por redes sociales, cuyo nombre es “¡EL VÍDEO QUE EL GOBIERNO COLOMBIANO NO QUIERE QUE VEAMOS!” Es una muestra de lo que ocurrió hace unos días en El Quimbo (Huila). En él aparece un grupo del ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios) desalojando a Campesinos y Pescadores que se manifiestan en contra de la construcción de una hidroeléctrica. Lo indignante del vídeo es la forma violenta y criminal del desalojo.

¿Qué o quién es tan machito de enfrentarse a alguien del ESMAD? Nos da miedo, aceptémoslo. Pero ojo: no hay que confundir ese miedo que nos obliga a la quietud, con ser un apátrida –aunque en tiempos modernos ser un apátrida resulta tentador-. En el vídeo, miembros del ESMAD lanzan gases a un pequeño grupo de pescadores que suben por el río; es innecesaria la fuerza, los campesinos responden al desalojo de forma pacífica, sólo que, y ya lo he notado antes, el ESMAD siempre provoca: los he visto bailar frente a estudiantes sentados, los he visto sonreír –cínicamente- detrás o al frente de alguna marcha estudiantil, en alguna ocasión desde lejos los vi hacer pistola mientras golpeaban a un vendedor de dulces que no quería apartarse de su camino.

El ataque es injusto, desproporcionado. Habría que ver o imaginar a algún miembro del ESMAD corriendo río arriba, pero sin armadura, así, a pie limpio, sin gas, sin granadas aturdidoras, verlo corriendo en pantaloneta con una camiseta amarrada a la cabeza para que lo cubra del sol, quizás así, dé más risa que miedo. Más justo, por lo menos.

Los niños del video crecerán con terror frente a un señor de armadura negra y careta en el rostro. No quiero pensar en lo que pueda ocurrir con Bladimir Sánchez, la persona que grabó, editó, y subió el vídeo a Internet, en las amenazas que pueda recibir, esperemos que no. Esto me recuerda una historia de terror llamada Nicolás Castro, hace falta estar atento en Facebook, para darse cuenta que existen miembros del ESMAD que amenazan personas virtualmente. ¿Fotos o pruebas? En Internet hay muchas, y hasta nombres.

Me da tristeza que en este país ocurran hechos como estos, pero no olvido que seguimos en el país del sagrado corazón, y que aquí vale más lo que nos conviene que lo que merecemos. Nos indignamos cuando nos sentimos agredidos, pero cuando vemos que es otro el que está siendo ultrajado, nos importa un culo, y nos vamos. Así de sencillo. Lo que ocurre en El Quimbo no es más que un modelo que notifica que el terrorismo es de ambos bandos y que no puede seguir siendo usado como títere mediático de alguna potestad con intereses. Lo de El Quimbo puede ser uno de muchos casos, desde el policía que golpea a un motociclista –lo vi alguna vez sobre la carrera quinta de Ibagué- porque no obedece las ordenes de la autoridad, hasta el pandillero que quiere ganar territorio a punta de muerte y miedo.

En Colombia no sólo las Farc son terroristas, también el Estado, y los mismos colombianos. No reconocerlo es no estar atento a lo que realmente ocurre en el país, simplemente hay que salir, abrir los ojos y comprobar cómo funcionan las cosas. El Quimbo es un ejemplo de terror, qué digo de terror, de terrorismo de Estado.

Columna publicada en la revista Cartel Urbano.

Al alcance de un click


Quizá Gutenberg no alcanzó a imaginar que cinco siglos después la humanidad fuese inundada por pantallas que lograran entregar información de forma inmediata. Es cierto que los medios digitales tienen sus pros y sus contras frente a los medios impresos, pero, fuera del romanticismo que genera el papel, diría que los medios digitales en su mayoría pueden ofrecer la misma calidad en cuanto a su contenido. La discusión entonces sería de forma.

Los medios digitales tienen la fortuna de llegar a cualquier parte del mundo en cuestión de segundos y, en su mayoría sin ningún costo. Información y calidad de forma gratuita. A estas alturas ya hay aplicaciones que le permiten al lector agregar contenidos de diversos medios virtuales, por lo tanto, ha sido un formato que se ha ido ajustando a las comodidades del usuario. Punto extra: los medios digitales cuentan con la amplia interacción entre el autor/ medio y el usuario/lector. Sin hablar de la multimedia. Pensaría que son más los pros que los contras pese a que los impresos viven en la cuerda floja ante la amenaza de lo digital (por el bien de los medios virtuales, los medios impresos, jamás deben desaparecer), debido a su economía y accesibilidad. Cada vez son más los medios digitales creados que ofrecen otro tipo de información y de visión, que los medios de papel que requieren de una gran inversión para su producción, distribución y consumo.

Así como Gutenberg le dio impulso al mundo de las letras con la imprenta, hoy, la red está estimulando la variedad de contenidos y funcionalidades. Pensar en que un bando es el bueno y el otro es el malo, sólo llevaría a que se desprestigie y se sesguen los formatos a los que se están llevando los medios, no podemos olvidar que frente a lo digital puntúan cuatro principales ventajas: ecología, disponibilidad, economía y alcance. Eso ya es mucho que decir a favor de lo digital y se demuestra con el actual estado de consumo de medios en Colombia.

Publicado en la edición 62 de la revista Bacánika.